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CIUDAD DE MÉXICO (AP) — Aparece por todas partes: alrededor de los estadios, en las celebraciones, tomando una cerveza en los bares. El luchador enmascarado anónimo ya es una de las imágenes emblemáticas del Mundial en México y se ha convertido en escaparate de la lucha libre mexicana para conquistar también la arena futbolística.

Viajeros de todas las partes del mundo se han rendido a la magia de este deporte que, al lado del fútbol, encabeza las pasiones nacionales. En el interior de los fortines de la lucha libre, se olvidan por unas horas de la fiebre futbolera para vivir una noche única.

Mientras España se enfrentaba a Uruguay en Guadalajara, decenas de miles de aficionados sintonizaron otro espectacular enfrentamiento: Místico y Máscara Dorada contra The Bestia Mortos y Sammy Guevara en la icónica Arena México, también conocida como la catedral de la lucha libre.

“Fue simplemente fantástico, lo disfrutamos muchísimo”, contó Andy Winston, oriundo de Manchester y quien ha recorrido con su familia las tres sedes del Mundial —Canadá, pasando por Estados Unidos y ahora México— mientras alientan a Inglaterra. “No puedes venir a México y no venir a la lucha libre. Es una gran tradición, un clásico”.

En las gradas, los fanáticos chillaban y apoyaban a sus favoritos luciendo camisetas de diversas selecciones. Inglaterra, Japón, Corea, Brasil, Colombia, España y, por supuesto México, dijeron presente.

“Fue una noche maravillosa, mucho mejor de lo que imaginaba”, dijo el brasileño Henrique Nunes dos Santos. “Uno se conecta de una manera que parece que es todo real... hay una energía gigantesca”.

ADN mexicano

Los orígenes de la lucha libre mexicana se remontan a inicios del siglo XX. Su estilo fusiona técnicas del wrestling estadounidense y la lucha greco-romana con acrobacias aéreas y elementos performativos. Pronto, la combinación única forjaría una identidad propia para formar parte del ADN del país, siendo declarada patrimonio cultural de la Ciudad de México en 2018.

“La lucha libre está en nuestras raíces. Desde hace prácticamente 93 años de historia que es parte de nosotros mexicanos y también se ha convertido en una carta de presentación de los mexicanos”, explicó Julio César Rivera, vocero del Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL).

Los combates están basados en la eterna lucha entre el bien —los luchadores técnicos— y el mal, que en la arena se personifican en la figura de los rudos. Más que un duelo, se trata de un espectáculo que combina deporte, teatro y tradición, como el uso de la icónicas máscaras.

Ellas suelen ser vibrantes y coloridas, por veces intimidantes. Representan superhéroes, animales u otras figuras simbólicas. Más allá de simplemente ocultar el rostro del luchador, encarnan su alter ego, herencia y poder místico dentro del ring. Por ello, cada máscara está meticulosamente diseñada para transmitir un lenguaje visual único. Protegidos por ellas, los gladiadores adoptan una identidad secreta y se convierten en símbolos nacionales. Así, no suelen revelar sus nombres reales para preservar el misterio.

“La lucha libre es mi vida”, dijo el luchador Star Black, de 30 años. De niño, ayudaba a sus abuelos a vender máscaras en un pequeño negocio local. No tardó para que se convirtiera en un fanático del deporte. “Empecé a enamorarme de las máscaras, de las capas, de los vuelos, de los lances y un día tomé la decisión de entrenar”. Años después, se convirtió él mismo en un ídolo.

Los futboleros se rinden a la magia del ring

Si bien la lucha libre ya era famosa entre los turistas que visitan México, con el arribo de la máxima cita del fútbol el ring se quedó pequeño: las máscaras y peleas improvisadas han superado el cuadrilátero para formar parte del ambiente festivo del Mundial.

Los elevados precios en otras sedes del torneo hicieron de México un popular destino para el alojamiento de turistas antes de viajar para ver a sus selecciones en otros países, según José Ángel Garfias Frías, experto en lucha libre de la Universidad Nacional Autónoma de México.

“La lucha libre ya era popular, pero ahora con lo del Mundial, las arenas están mucho más llenas y vemos a muchos turistas luciendo las camisetas de sus respectivas selecciones nacionales”, dijo.

En los alrededores de los estadios, la cantidad de máscaras rivaliza con la de banderas. Y si bien su uso fue prohibido en los recintos deportivos, siguiendo el protocolo de seguridad de la FIFA, muchos aficionados fueron vistos usándolas. La FIFA remitió la solicitud de comentarios de The Associated Press al código de conducta y no respondió a consultas posteriores sobre su aplicación.

Los dos deportes nacionales comparten desde hace décadas “una relación muy de la mano”, añadió Garfias.

Uno de los ejemplos más conocidos es el del futbolista Gabriel Pereyra, famoso por ponerse la máscara de Místico cuando marcaba goles con su equipo Cruz Azul. En el ring, destacan figuras como América Salvaje, icónico luchador de los años 1970 inspirado en el Club América cuya máscara tenía los colores del equipo.

“La lucha libre es México. Es parte de nuestra identidad. Y es tan popular como el fútbol”, aseveró Claudio Díaz, uno de los muchos hombres enmascarados en los festejos para celebrar la segunda victoria de México y su pase a la ronda eliminatoria.

Y, pese a que el fútbol sigue siendo la pasión absoluta de la nación, para muchos la lucha libre es un retrato más fiel del país.

“Siento que el fútbol no nos representa tanto a los mexicanos; nos representa más la lucha libre”, sentenció el luchador Dragón Legendario. “Aquí viene de todo tipo de clase social: desde la abuelita hasta el empresario, pasando por la señora que tiene una fonda. Tiene de todo público”.