LA HABANA (AP) — Una tarde reciente, un grupo de ancianos residentes se coló por las puertas de madera de la Iglesia del Espíritu Santo en La Habana Vieja y se reunió para una modesta comida de carne picada, arroz, frijoles rojos y galletas con mayonesa, todo rematado con una taza de café cubano fuerte.“Que el Señor bendiga desde lo alto la comida que nuestro estómago recibirá con deleite”, coreaban al unísono antes de comenzar su almuerzo, un ritual que tiene lugar tres veces por semana en el comedor contiguo a la iglesia.
Entre las casi 50 personas mayores se encontraba Carmen Casado, una ingeniera química jubilada de 84 años que asiste puntualmente. Su pensión mensual de 2000 pesos cubanos equivale a 4 dólares al tipo de cambio informal que se usa a diario. Vive sola, no tiene hijos y no recibe remesas de familiares en el extranjero.
Ella afirma que las comidas de la iglesia son un complemento necesario a las escasas raciones, como pan, arroz y frijoles, que puede obtener gratuitamente en las tiendas estatales o bodegas.
“Esto es un salvavidas para nosotros, los jubilados con pensiones bajas”, dijo Casado, hablando con rapidez. “Lo que recibimos solo de las bodegas no es suficiente”.
Las personas mayores se encuentran entre las más afectadas por la grave crisis económica que sufre la isla, la cual ha empeorado drásticamente desde principios de año tras el embargo petrolero impuesto por el presidente estadounidense Donald Trump.
La mayoría son antiguos empleados públicos —profesores, médicos, enfermeros, técnicos, conserjes, abogados— cuyas pensiones suelen ser inferiores a 10 dólares al mes y que deben afrontar recortes en la cesta de bienes que han sido subvencionados durante décadas, así como la soledad provocada por la creciente emigración de jóvenes.
Eran jóvenes cuando Fidel Castro entró en La Habana y vivieron todos los acontecimientos importantes de la isla, desde la invasión de Bahía de Cochinos hasta el momento en que el presidente estadounidense Barack Obama estrechó la mano de Raúl Castro en 2016.
Ahora, su espíritu revolucionario se pone a prueba en la última crisis, que les obliga a vender cigarrillos en las calles, a hacer cola para conseguir una barra de pan y a buscar comidas gratuitas ofrecidas por iglesias y algunas instituciones estatales.
Un país que envejece
Después del almuerzo, Casado caminó las cuatro cuadras hasta su casa para ocuparse de las tareas domésticas que aún realiza sin ayuda. Su vivienda se encuentra en el segundo y último piso de un edificio del siglo XIX que, como muchos en la capital, se está cayendo a pedazos .
Nacida en 1942, Casado era adolescente cuando triunfó la revolución liderada por Castro. Su vida ha abarcado los momentos más trascendentales de la isla, desde la Crisis de los Misiles de 1962 hasta el llamado Período Especial tras el colapso de la Unión Soviética. También vivió las décadas de 1970 y 1980, cuando la economía de la isla estaba fuertemente subvencionada por los soviéticos y cuando el sistema cubano parecía prometer un futuro más brillante.
“Esta es nuestra vida; nacimos y nos criamos aquí”, dijo.
Incluso antes de que la crisis económica empeorara y antes de la ola de emigración de los últimos cinco años , Cuba ya era uno de los países con las poblaciones más envejecidas de América Latina, una tendencia acentuada por la alta esperanza de vida y las bajas tasas de natalidad.
Según la Oficina Nacional de Estadística de Cuba, a finales de 2024, casi el 26% de la población tenía 60 años o más. Esto representa casi el doble del promedio regional del 14,2% registrado ese mismo año, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
En los últimos cinco años, la población de Cuba ha disminuido en casi 1,5 millones de personas, principalmente debido a la migración. El número de cubanos que residen en la isla, que ascendía a 11,1 millones, se ha reducido a tan solo 9,7 millones.
El impacto de la crisis y el éxodo juvenil se hacen evidentes a simple vista. Los ancianos caminan solos por las calles: algunos rebuscan en la basura, otros hacen largas colas para conseguir el pan y el arroz que les proporciona la cartilla de racionamiento, los alimentos básicos subvencionados que el Estado garantiza a todos los cubanos.
La situación de las personas mayores es tan crítica que el gobierno autorizó recientemente a empresarios privados a gestionar servicios de atención y residencias para ancianos, una medida que supone un cambio significativo respecto al modelo tradicional de control estatal total de la isla.
Casado insiste en que sigue siendo una persona privilegiada. Tiene una mente lúcida y no presenta limitaciones físicas —ni siquiera usa bastón— y se las arregla completamente sola. Su único medicamento es media pastilla para la presión arterial, que, «hasta el momento», sigue disponible en las farmacias estatales.
A pesar de la pobreza y la soledad, ella sigue teniendo fe en el gobierno y culpa a Estados Unidos de los problemas del país.
“Estamos haciendo todo lo posible para que el país avance”, dijo. “Pero el problema es que tenemos un enemigo muy poderoso, y está justo ahí, a las puertas de casa”.
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Por Andrea Rodríguez
(Foto AP/Ramón Espinosa)