
Cuatro generaciones después, el tema de la reunión de este año de los jefes de Estado y gobierno en la Asamblea General: “Crear resiliencia a través de la esperanza”, refleja el mismo ideal. Pero en la sede de Naciones Unidas, aunque la persistencia parece abundante esta semana, la esperanza luce escasa.
La Asamblea General se desarrolla esta semana bajo un manto de profundo pesimismo. La congruencia es irregular. Dos crecientes tipos de información indeseada —la falsa y la manipulada— están circulando sin control. ¿Y qué hay del esfuerzo unificado de buena fe? Se siente ausente, si no es que totalmente obsoleto, en una era en la que los responsables del resto de nosotros ni siquiera pueden ponerse de acuerdo para verificar en la entrada si todos están libres del virus mortal que ha trastocado los planes de la humanidad.
“Nuestro mundo jamás había estado más amenazado o más dividido”, declaró el martes el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, marcando el tono con sus primeras palabras cuando inauguró la reunión. “El mundo”, dijo, “debe despertar”.

El compromiso de Estados Unidos sería la pieza central de la cumbre global sobre vacunas que Biden celebraba de forma virtual el miércoles, en un aparte de la Asamblea General de Naciones Unidas, en la que esperaba presionar a las naciones acomodadas para que hagan más para controlar el coronavirus.
Líderes mundiales, grupos humanitarios y organizaciones globales de salud son cada vez más firmes en denunciar el lento ritmo de las vacunaciones en todo el mundo y la desigualdad del acceso a las vacunas entre residentes de naciones ricas y pobres.
El pedido estadounidense, según dos importantes funcionarios del gobierno de Biden que hablaron bajo condición de anonimato para comentar el discurso de Biden, elevará el compromiso total de vacunación de Estados Unidos a más de 1.100 millones de dólares hasta 2022. Al menos 160 millones de vacunas proporcionadas por Estados Unidos se han distribuido a más de 100 países, lo que supone más donaciones que las aportadas por el resto del mundo en total.
La nueva compra supone apenas una parte de lo necesario para alcanzar el objetivo de vacunar al 70% de la población mundial -y el 70% de los ciudadanos de cada país- para la cumbre de Naciones Unidas de septiembre del año que viene. Es una meta fijada por grupos humanitarios globales que Biden apoyará.
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Más de 6.000 haitianos y otros migrantes han sido desalojados del campamento en Del Rio, Texas, según dijeron las autoridades estadounidenses el lunes, que defendieron una contundente operación que incluyó la expulsión inmediata de migrantes a su empobrecido país caribeño. Las autoridades estadounidenses fueron criticadas por utilizar patrullas a caballo para impedir que la gente entrara en la localidad texana.
Eso bastó para que algunos migrantes haitianos regresaran a México, mientras que otros trataban de decidir a qué lado de la frontera probar suerte.
Marie Pierre, de 43 años, estaba al anochecer en el lado mexicano del río con cientos de migrantes que dudaban sobre qué hacer. Los agentes de la Patrulla Fronteriza la habían separado de su hijo de 19 años en Texas, señaló, y no sabía si le habían deportado. Esperaba una oportunidad de cargar su celular, confiando en recibir noticias de su hermana y su primo en Florida.
“Me dijeron que era un adulto y no podía quedarse con nosotros”, dijo del momento en el que se habían separado.
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Los haitianos han sido liberados “a una escala muy muy grande” en los últimos días, según un funcionario que situó la cifra en miles. La fuente, con conocimiento directo de las operaciones, habló bajo condición de anonimato porque no estaba autorizada a discutir el asunto en público.
Muchos han quedado libres con un aviso para acudir en una oficina de inmigración en el plazo de 60 días, una solución que requiere menos tiempo de procesamiento para los agentes de la Patrulla Fronteriza que ordenar una aparición ante una corte migratoria, y apunta a la velocidad con la que se están moviendo las autoridades, apuntó el funcionario.
El Departamento de Seguridad Nacional ha estado transportando en bus a los haitianos desde Del Río a El Paso, Laredo y el Valle del Río Grande, a lo largo de la frontera de Texas, y esta semana incluyó vuelos a Tucson, Arizona, explicó la fuente. Los migrantes están siendo procesados por la Patrulla Fronteriza en esos puntos.
Un segundo funcionario, también con conocimiento directo del asunto y que habló bajo condición de anonimato, señaló que una gran cantidad de haitianos estaban siendo procesados conforme a la ley migratoria y no estaban embarcando en los vuelos de deportación a Haití que comenzaron el domingo. El funcionario no pudo ser más específico con respecto a la cifra.

Para consternación de los defensores de los migrantes, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) está recurriendo a la ley de salud pública conocida como Título 42 para detener con rapidez a los haitianos y llevarlos de vuelta a su turbulenta patria, negándoles así una oportunidad de solicitar asilo y quedarse en Estados Unidos.
El secretario del DHS, Alejandro Mayorkas, dijo el lunes que la mayoría de los haitianos retirados del campamento de Del Río han sido expulsados con base en el Título 42. Esta medida enfureció a los activistas por los derechos humanos y a otros que esperaban ver el fin de dicha política por parte de un gobierno que, por lo demás, ha tratado de revertir gran parte de la agenda de Trump para controlar la inmigración.
A continuación presentamos un vistazo a la ley y la controversia que la rodea:
¿QUÉ ES EL TÍTULO 42 Y POR QUÉ AHORA HABLAMOS SOBRE ÉL?
El Título 42 de la Ley de Servicios de Salud Pública le da poder a los funcionarios federales de salud durante una pandemia para tomar medidas extraordinarias con el fin de limitar la transmisión de una enfermedad infecciosa.