Milei ProponeTRELEW, Argentina (AP) — Los centros de datos se han convertido en uno de los temas más divisivos del mundo. El presidente de Argentina quiere atraer tantos como pueda.
Mientras residentes y responsables de políticas públicas en Estados Unidos y Europa combaten las instalaciones que alimentan la inteligencia artificial, el presidente Javier Milei presenta a Argentina como un refugio y promete un enfoque de no intervención para atraer la inversión extranjera que necesita su país, propenso a las crisis.
Al igual que su aliado, el presidente de Estados Unidos Donald Trump, Milei publica con frecuencia imágenes generadas por la IA en redes sociales. Ha propuesto crear “sociedades no humanas” dirigidas por completo por agentes de IA.
“Nosotros no vamos a regular la Inteligencia Artificial. Nosotros la vamos a dejar libre”, afirmó Milei ante la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Washington el mes pasado.
Registros de visitas obtenidos por The Associated Press muestran un flujo constante de figuras tecnológicas que se han reunido con Milei y sus asesores en los últimos meses, desde el capitalista de riesgo Peter Thiel hasta representantes de OpenAI, Amazon, Google, Oracle y empresas de centros de datos. Registros de la Cancillería muestran que el desarrollador de centros de datos Crusoe, que ayudó a construir el campus insignia de OpenAI en Texas, solicitó conversaciones este año con funcionarios energéticos argentinos sobre inversiones respaldadas por el gobierno de Estados Unidos.
Las esperanzas de Milei se apoyan tanto en la geografía como en la ideología. La Patagonia ofrece vastas llanuras abiertas donde pueden construirse ruidosas granjas de servidores lejos de los centros poblados, un clima frío para enfriar las máquinas, vientos potentes para generar electricidad y uno de los mayores yacimientos de lutita del mundo en Vaca Muerta para abastecer centrales eléctricas.
“En las zonas densamente pobladas de Estados Unidos y Europa, hay muchas disputas por el acceso a la red y por quién debería quedarse con la electricidad”, señaló Marta Zlotkowska, jefa de desarrollo internacional de Green Capital, una empresa polaca de energías renovables que planea construir un centro de datos de 3.000 millones de dólares en la Patagonia para alquilarlo a grandes firmas tecnológicas para cómputo de IA, aunque todavía no ha asegurado ningún cliente.
“Comparamos ubicaciones potenciales para el proyecto en todo el mundo y Argentina —bueno, la Patagonia— quedó en primer lugar en todas las categorías”, agregó.
La promesa de la IA en la Patagonia
Para la industria energética argentina, que ya está en auge mientras la guerra con Irán eleva los precios del petróleo, los centros de datos representan un mercado nuevo y tentador. Pampa Energía, una de las mayores compañías eléctricas del país, anunció planes para suministrar enormes cantidades de energía generada con gas a un centro de datos cerca de Vaca Muerta y está buscando desarrolladores.
“Lo que antes era una desventaja de vivir en el fin del mundo”, comentó Rubén Etcheverry, un alto funcionario de Neuquén, la provincia patagónica donde se encuentra Vaca Muerta. “Pero hoy, frente a la falta y el encarecimiento de la energía, los inversores nos están buscando”.
Para convencer a empresas recelosas de la crónica inestabilidad económica de Argentina, Milei impulsa un programa de incentivos que reduciría la tasa del impuesto a las ganancias corporativas del 25% al 15% para proyectos de al menos 1.000 millones de dólares en IA y otras industrias emergentes. La medida espera la aprobación del Senado.
El beneficio para los argentinos sigue sin estar claro. Los centros de datos emplean a relativamente pocas personas. Los incentivos propuestos por Milei no exigen que las empresas reserven capacidad de cómputo para consumo local ni que revelen su uso de energía y agua.
“No estamos pensando acá data centers para fortalecer, no sé, una soberanía tecnológica comunitaria o argentina o las necesidades de los pueblos de esta región”, dijo Alan Rocha Varsanyi, investigador del Observatorio Petrolero Sur, un grupo ambiental argentino. “Esa capacidad de cómputo se va a exportar, se va a exportar a donde tengan necesidad OpenAI o el resto de las empresas”.
Planos antes de las topadoras
Pese a toda la promoción de Milei, Argentina va rezagada en la carrera por convertirse en un polo regional de centros de datos, mientras sus vecinos promocionan tierras baratas, energía renovable y conexiones de fibra óptica en expansión a gigantes tecnológicos de Estados Unidos.
Milei insiste en que sus llamados a una IA sin ataduras le dan a Argentina una ventaja en un momento en que la Unión Europea y un número creciente de estados de Estados Unidos han adoptado nuevas regulaciones. Sus críticos advierten que está impulsando el despliegue de IA en Argentina sin salvaguardas frente a riesgos que van desde la vigilancia masiva hasta los ciberataques.
“Sin reglas, nosotros vamos a ser un laboratorio, como cuando las empresas usan países en desarrollo para probar medicamentos raros que no pueden probar en los países centrales, donde hay una regulación muy fuerte”, sostuvo Nicolás Wolovick, profesor de informática en la Universidad Nacional de Córdoba.
Milei podría escuchar preocupaciones similares la próxima semana, cuando el papa León XIV, que ha advertido sobre las amenazas de la IA para la humanidad, visite Argentina en su gira por América Latina.
Incluso algunos dentro del propio gobierno de Milei reconocen que su postura contraria a la regulación complica los esfuerzos por construir un marco legal claro. Un alto funcionario, no autorizado a informar a la prensa, indicó que las empresas están esperando a que Argentina defina reglas sobre el entrenamiento de IA con obras protegidas por derechos de autor y el envío de datos personales al exterior.
Algunos inversores se están conteniendo hasta las elecciones presidenciales del próximo año, que podrían ser reñidas, preocupados de que, si Milei pierde, el siguiente gobierno pueda desarmar sus reformas de libre mercado.
“Una de las grandes dificultades que tenemos es que el inversor extranjero entienda que Argentina, con los diferentes partidos políticos, sigue siendo un lugar amistoso para las inversiones”, expresó Andrés Arbeletche, secretario de coordinación de gabinete de Chubut, una provincia patagónica que busca atraer varios megaproyectos de IA.
Granjas de servidores y ovejas
En explotaciones ganaderas remotas a lo largo de la meseta sin árboles de la provincia de Chubut, la vida gira en torno al cuidado de los rebaños en la estepa y a la esquila de ovejas en galpones. Con la industria lanera en declive tras décadas de sequía, sobrepastoreo y costos de producción en alza, algunos productores apuestan por otro tipo de galpón: uno lleno no de vellón, sino de estanterías de servidores parpadeantes.
“Los productores ovinos están buscando mucho qué otros horizontes, qué otras alternativas se pueden encontrar para incorporar más ingresos”, explicó Francisco Sáenz, ingeniero agrónomo y productor ovino de cuarta generación, cuya familia está entre los 14 propietarios que han arrendado en conjunto 130.000 hectáreas (unas 321.000 acres) a Green Capital para su centro de datos planificado. Los estancieros esperan seguir pastoreando ovejas junto a su colosal futuro vecino.
No se espera que la construcción comience hasta alrededor de 2028. Si operara de manera continua a su demanda máxima proyectada, el campus terminado usaría en un año alrededor de 2,7 veces más electricidad que la que consumió toda la ciudad de Buenos Aires en 2025, según un cálculo de AP.
Green Capital promete generar toda su propia electricidad con aerogeneradores, parques solares y generadores a gas, en lugar de tensionar la congestionada red argentina. Funcionarios provinciales cuentan con que el proyecto aporte miles de millones de dólares en inversión, empleos altamente cualificados y un mercado para el excedente de energía eólica.
“Para nosotros es todo un beneficio y no resignamos nada”, afirmó Arbeletche.
Pero algunos residentes de Trelew, una ciudad azotada por el polvo cerca del sitio propuesto, dicen que no tienen forma de evaluar esas garantías. Los estudios ambientales aún están en curso, los permisos están pendientes y la empresa no ha especificado cuánta agua necesitaría el proyecto ni qué proporción de su energía provendría del gas.
“No se sabe mucho sobre eso”, lamentó Cristina Gibón, de 46 años, que teme el impacto ambiental de los centros de datos. “Porque quizás nosotros logremos tener agua hasta que seamos viejitos, pero después ya el resto quedan nuestros hijos, digamos, y no van a tener esos recursos”.
Preocupaciones como la suya están alimentando una reacción más amplia contra el cortejo de Milei a las grandes tecnológicas. En Trelew, un pequeño grupo de vecinos se ha movilizado en internet y en la plaza principal bajo la consigna “Trelew Libre de Data Centers”. En el Congreso, donde legisladores acusaron recientemente a Milei de estar vendiendo el país en una audiencia sobre los intereses en Argentina del multimillonario Peter Thiel, la oposición ha obligado al presidente a recortar un proyecto de ley que flexibilizaba las restricciones a la propiedad extranjera de tierras y ha frenado su plan para permitir que agentes de IA controlen empresas.
De vuelta en el campo de su familia, Sáenz ve un reflejo argentino conocido.
“Cada vez que una empresa extranjera quiere hacer una gran inversión en Argentina, hay muchas críticas. La primera reacción de mucha gente es decir: ‘No, son gente terrible que viene de afuera a llevarse nuestros recursos’”, relató. “No estoy diciendo que las grandes empresas sean lo mejor del mundo. Solo digo que, cuando miro otros países, veo economías estables”.
Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
ISABEL DEBRE writes about Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay and Uruguay for The Associated Press, based in Buenos Aires. Before moving to South America in 2024, she covered the Middle East reporting from Jerusalem, Cairo and Dubai.
POR  ISABEL DEBRE
(AP Foto/Evan Vucci, Archivo)

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